Guantánamo

Un vestigio ha quedado de la dominación neocolonial de los Estados Unidos sobre Cuba, que duró sesenta años: la ocupación ilegal de una parte del territorio cubano y la existencia allí de una base militar extranjera durante más de un siglo, ahora también convertida en prisión para ciudadanos de otros países, donde se practica la violación sistemática de sus derechos e incluso se tortura. La invasión y la ocupación de Cuba de 1898 a 1902 les permitió a los Estados Unidos imponer un régimen neocolonial y limitar la soberanía cubana, bajo amenaza de mantener indefinidamente la ocupación militar. La Convención Constituyente de 1901 se vio forzada a incorporar como preámbulo de la Constitución el texto de una ley estadounidense (Enmienda Platt) que definía las relaciones entre los dos países. Esta enmienda daba a los Estados Unidos el derecho de intervenir en Cuba cuando lo considerasen necesario, lo que la convertía prácticamente en un protectorado. El artículo VII del apéndice decía:

[…] el gobierno de Cuba venderá o arrendará a los Estados Unidos las tierras necesarias para carboneras o estaciones navales en ciertos puntos determinados que se convendrán con el presidente de los Estados Unidos.

Este acto ilegal es la única base del convenio pactado en febrero de 1903. Sólo se consiguió que la tierra y el agua de Cuba fueran arrendadas y no vendidas para dos instalaciones navales, en Bahía Honda y en Guantánamo, “por el tiempo que necesitaran” los Estados Unidos, “como estaciones carboneras o navales y para ningún otro objetivo”. Los Estados Unidos reconocieron “la continuación de la soberanía definitiva” de Cuba sobre ellas; Cuba consintió que durante el tiempo en que las usaren “los Estados Unidos ejerzan jurisdicción y señoría completos”. El 10 de diciembre de 1903, los yanquis tomaron posesión del sector de Guantánamo. En 1912 se convino que no ocuparían el área de Bahía Honda, a cambio de una ampliación de la de Guantánamo; de hecho, así ocurrió, pero los dos países no firmaron ese acuerdo hasta 1934.

El pueblo cubano siempre sintió la usurpación de su territorio y la base naval de Guantánamo como una afrenta inadmisible, y así continúa sintiéndolo en la actualidad. Fue un escalón militar para las intervenciones durante la primera república. En 1935 se logró la abrogación de la enmienda Platt, al calor de la Revolución del 30, y una renovación del neocolonialismo a través de la política de “buena vecindad”. Los estadounidenses de la Foreign Policy Association, que realizaron una profunda investigación en 1934, publicada como Problemas de la Nueva Cuba (1935), recomendaron renunciar a la base de Guantánamo, porque para los cubanos eso era incompatible con su soberanía y por no ser necesaria para la defensa de los Estados Unidos. Pero el imperialismo no quiso renunciar jamás a su enclave.

A partir del triunfo de la Revolución, la Base de Guantánamo pasó a ser utilizada como un eslabón más en la agresión estadounidense contra Cuba. Fue escenario de las relaciones con la contrarrevolución, del asesinato de un trabajador cubano y centenas de provocaciones más, que obligaron a la creación de una unidad especial de guardafronteras. Uno de los miembros de dicha guardia fue asesinado por disparos provenientes de la base, en 1964. Cuba no reconoció ningún derecho de los Estados Unidos a usurpar ese territorio, denunció el hecho en todos los foros internacionales y expresó su decisión de recuperarlo, aunque sin apelar a la violencia. Establecida la seguridad en esa región, cesó la hostilidad desde la base y sobrevino un período de relativa tranquilidad. Pero la escalada belicista de la administración George W. Bush llegó también al enclave ilegal en Cuba después de septiembre de 2001 y, contra todo derecho internacional, los Estados Unidos decidieron establecer una prisión en territorio cubano ilegalmente ocupado, para enviar prisioneros de Afganistán y de otros países. Los abusos y maltratos sistemáticos y las torturas infligidas a los presos de la base constituyen escandalosas violaciones de los derechos humanos, que han sido denunciados hasta en los propios medios militares de los Estados Unidos, sin que su gobierno tome la decisión de cerrar la prisión ilegal.

Pero existe un sucio precedente, en relación con Haití, el país vecino más cercano. El primer Estado independiente de América Latina fue invadido por los Estados Unidos en 1915 y ocupado hasta 1934; fueron asesinados millares de haitianos. Instalaron allí un ejército criminal, y deterioraron hasta la actualidad la vida pública de aquel país, para mantener su control. En 1991, un golpe de Estado derribó al presidente Jean-Bertrand Aristide, y miles de personas fueron asesinadas en pocas semanas; más de 200.000 huyeron de ese horror. Presionado, el gobierno de George W. Bush cambió la política inicial –la de devolver los refugiados a Haití– por la de llevar a los detenidos a la Base de Guantánamo. Más de 30.000 fueron trasladados y mantenidos allí en campos de concentración, sometidos a terribles abusos; los seropositivos recibieron un tratamiento aún más cruel. Pero los Estados Unidos no hicieron caso a las protestas y a las acusaciones. Esa situación sólo se suspendió en la primavera de 1993.

Durante su campaña a la presidencia de los Estados Unidos, Barack Obama prometió dar fin a la prisión de Guantánamo. Electo, firmó un decreto determinando el cierre de la institución y la revisión inmediata de la situación de los que eran en ese momento 248 presos. La ejecución del decreto, sin embargo, encontró obstáculos en el Congreso, que bloqueó los intentos de cierre, opuso resistencia a la transferencia de los presos a las prisiones de máxima seguridad en territorio norteamericano, hizo oposición a los juicios de “terroristas” con garantías procesuales, no permitiendo que fueran enviados de vuelta a sus países de origen. La ONU, Amnistía Internacional y la Cruz Roja reclaman el cierre de la prisión, que en el 2015 abrigaba poco más de cien detenidos. La estrategia de Obama es reducir paulatinamente el número de presos en Guantánamo, transfiriéndolos a países que ofrecieron ayuda – Omán, Estonia, Kazaquistán, Uruguay, entre  otros. La idea es inviabilizar el mantenimiento de una prisión, cuyo costo de manutención es considerado alto.  

Imagen del Campo X-Ray abandonado en 2013. Hasta 2002 había sido un campo de detención temporario en Guantánamo (Cassandra Monroe/Army National Guard)
por admin publicado 02/02/2017 08:43, Conteúdo atualizado em 08/07/2017 17:34