CGT

Confederación General del Trabajo, Argentina

La Confederación General del Trabajo (CGT) fue creada en 1930, después de un golpe militar encabezado por el general Félix Uriburu. Rápidamente, el gobierno impuso la ley marcial y persiguió a los sindicalistas más combativos, por lo general anarquistas y comunistas. En ese contexto, la Confederación Operaria Argentina (COA) y la Unión Sindical Argentina (USA) se unieron para fundar la CGT, de base ideológica heterogénea y una práctica sindical que tenía su foco en el corporativismo.

Había profundas divergencias en la cúpula de la central sindical. El Partido Socialista (PS) era entonces la única organización de izquierda de envergadura considerable que se mantenía en la legalidad. Con las elecciones de 1932, el PS consiguió hacer aprobar diversas leyes que beneficiaban a los trabajadores. La acción del Partido Comunista aún era bastante limitada. Los conflictos obreros sólo resurgieron luego de reanimarse el sector industrial, lo que permitió el crecimiento de la influencia de un sindicalismo dirigido por los comunistas. Sin embargo, los sectores que actuaban eran independientes de la CGT.

En 1935, la III Internacional adoptó la táctica de “frente”, y los comunistas argentinos se aproximaron al PS. Después de este viraje, nuevos sindicatos se incorporaron a la CGT. En diciembre de ese año el cuestionamiento al “neutralismo”de la cúpula sindical con relación al fascismo provocó la división de la central. Se formaron dos fracciones sindicales: la CGT de la calle Catamarca, dirigida por los corporativistas, con poca relevancia, y la CGT Independencia, controlada por los socialistas. Ésta era la principal central obrera de la época, con 262.000 afiliados.

Surge el peronismo

Una nueva división ocurrió en 1943, en un momento en que el PC exigía el apoyo total a la guerra contra el nazismo. Una fracción socialista próxima al gobierno, que tenía una posición vacilante con relación al conflicto mundial, formó la CGT N.º 1. Otra fracción socialista y el PC fundaron la CGT N.º 2, disuelta después del golpe de Estado de junio de 1943 debido a su vínculo con el PC. Con todo, el gran cambio en el movimiento obrero se originó en esa ocasión, cuando el coronel Juan Domingo Perón fue nombrado Secretario del recién creado Departamento Nacional del Trabajo. Surgía el peronismo, que llevó al movimiento obrero a reformular su organización interna, su relación con el Estado y su propia identidad.

A partir de las antiguas reivindicaciones concedidas por Perón a los trabajadores, así como de los privilegios ofrecidos a la burocracia sindical, el peronismo sobresalió como la gran corriente del movimiento sindical argentino, adoptando una posición generalmente conciliatoria en las disputas. La colaboración con el Estado se tornó la gran táctica de la CGT. La burocracia permaneció colaboracionista, aun después del golpe de Estado que derribó a Perón en 1955. Sin embargo, esa fase de conciliación duró poco, pues los golpistas colocaron a la CGT bajo la intervención gubernamental. El peronismo respondió con duros combates obreros durante todo el año 1956. En el año siguiente, durante el congreso de la central, los interventores sufrieron una grave derrota: se constituyó un bloque con 62 organizaciones independientes, dirigidas por los peronistas y apoyadas por el PC, mucho más fuerte que los 32 “gremios democráticos” favorables al gobierno.

La central volvió a apoyar un gobierno golpista en 1966. Fue una nueva derrota, porque los militares adoptaron medidas que perjudicaban a los trabajadores, haciendo retroceder diversas conquistas sociales. Tres años después, la ciudad de Córdoba vivió un conflicto abierto, pues la CGT local, dirigida por el peronismo combativo, declaró una huelga que tuvo como saldo centenares de muertos: el Cordobazo.

La CGT después de Perón

La CGT después de Perón. En las elecciones de 1973, Perón volvió al poder en una coyuntura en la cual los lazos del capital internacional en la economía argentina eran mucho más profundos. La política económica recesiva imponía severas restricciones a la clase obrera, y las huelgas, dirigidas por los peronistas combativos, volvieron al escenario político. Con la muerte de Perón, en 1974, su esposa y vicepresidenta, Isabelita Perón, subió al poder, hizo un acuerdo con los altos mandos militares e intervino los sindicatos combativos. Sin embargo, no consiguió contener el movimiento huelguista y fue derrocada por los militares.

Aun desde la ilegalidad, la CGT, representada por los sectores más combativos, mantuvo movilizaciones que fueron duramente reprimidas. Con el agravamiento de la crisis del gobierno dictatorial, la entidad, que estuvo dividida durante todo el período, consiguió unificarse −por encima− y controlar las movilizaciones obreras. Las elecciones de 1983 dieron la victoria a Raúl Alfonsín, con la ayuda de la CGT. La central mantuvo su vínculo con los gobiernos siguientes, especialmente el de Carlos Menem, privilegiando siempre posiciones corporativistas y burocráticas. 

por admin publicado 01/09/2016 16:30, Conteúdo atualizado em 04/07/2017 17:16