Energía nuclear

Muchos especialistas en energía creen que en el futuro no se podrá prescindir de las centrales nucleares, que permiten generar vastas cantidades de energía en pequeños espacios, sin producir gases que agraven el efecto invernadero. También varios ecologistas respetados ven en ésta un mal menor en comparación con el petróleo. Sin embargo, el accidente de Three Mile Island, en 1979, y el terrible desastre de Chernobyl, en 1986, impusieron una costosa elevación de los niveles de seguridad. Generaron también una disminución mundial del ritmo de construcción de usinas nucleares y la cancelación de diferentes proyectos.

A comienzos del siglo XXI, las nuevas tecnologías nucleares y la perspectiva de agotamiento del petróleo reavivaron el interés por esa fuente de energía, pero incluso los nuevos modelos de centrales, que supuestamente no ofrecen riesgo de derretimiento del reactor, siguen produciendo residuos que continuarán siendo peligrosamente radiactivos durante diez mil años. Hoy en día, cuando la energía nuclear representa menos del 3% del abastecimiento mundial de energía, se estima que existen 10.500 toneladas anuales de basura radiactiva. Serían más de 300.000 toneladas anuales si el consumo per cápita global de energía alcanzara niveles estadounidenses, sin hablar del acero y del hormigón contaminados de las futuras usinas desactivadas.

Continúan ocurriendo accidentes, varios países ambicionan poseer armas nucleares y el riesgo de atentados terroristas a centrales y depósitos de residuos radiactivos está más presente que nunca. El uso de la energía nuclear a gran escala exige un grado de seguridad y secreto que no sólo la vuelve antieconómica, sino que también constituye un riesgo para la transparencia y la democracia. En teoría, muchos de los problemas de las actuales usinas nucleares, basadas en la fisión de uranio y plutonio, se resolverían a través de la tecnología de la fusión nuclear, que convertiría hidrógeno, deuterio o litio en el inofensivo gas helio. Dicho proceso, sin embargo, sigue siendo un sueño: todavía no es posible mantenerlo más que una fracción de segundo, durante el cual consume tanta energía como la que genera. En 2005, los Estados Unidos estuvieron de acuerdo en apoyar el esfuerzo internacional para construir el reactor de investiga­ción ITER, que costará más de US$ 10.000 millones, pero Francia y Japón continúan disputándose el derecho de albergar la experiencia, que podría apuntar o no a una solución.

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Usinas nucleares Angra I, II y III en Angra dos Reis, Río de Janeiro, Brasil (Eletrobrás Termonuclear S.A./Eletronuclear/Difusión)

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Integrantes de Greenpeace se manifiestan en el Palacio del Planalto, pidiendo la suspensión de las obras de la Usina Angra 3 y de las inversiones en energía nuclear, en Brasilia, en marzo de 2011 (Antonio Cruz/Abr)
por admin publicado 16/01/2017 08:08, Conteúdo atualizado em 06/07/2017 14:51